“No hay soledad si ésta no deshace la soledad para
exponer lo solo al afuera múltiple” ~ Maurice Blanchot
Mañana tendremos Luna Llena. Luna Llena que Es tras el
Cierre de una Gran Temporada de Eclipses en el Eje Aries-Libra. Luna Llena que Es en un Tiempo en el que Aries se Vuelve a Presentar en su Potencia. Luna Llena
que Es, también, en un Llamado al Equilibrio Yo-Tu en todas nuestras
Relaciones y en el que viejas heridas, también, pueden estar tomando lugar. Decido Compartir en el Hoy, entonces, algunos párrafos del Libro ‘Elogio del Riesgo’, de Anne Dufourmantelle:
"Aceptamos la soledad a dosis pequeñas, cercadas por
el tiempo, cuando el otro está al alcance y sentimos escalofríos ante la idea
de perderlo; jugamos con la idea, nos provocamos sustos, nos experimentamos
solos y luego lloramos, pero la soledad como espacio del mundo es otra cosa,
totalmente otra.(…) A veces la soledad es el nombre de una opacidad, de un
pánico lento que gana el cuerpo entero hasta la parálisis, cuando ya ni
siquiera sabemos cuál es el nombre del Amor. Quizás allí pueda aparecer otro
momento del mundo, otro nombre para lo real…
En la soledad consentida que viene con la alegría y el
alivio del ser, te abandona la nostalgia de lo que ya fue, así como también el
lamentarte por lo que no tuvo lugar y la carga de todas las repeticiones
concentradas en una ojeada. Es el movimiento de ese Sí a la Vida, al instante,
el sí del niño, el sí que se desprende de la espera, del miedo, de la decepción,
de lo que se tenía contemplado, mirando fijamente, vencido, de lo que da asilo
a lo vivo, a lo más amoroso; de repente todo se vuelve liviano, con esa
liviandad que no es la nada, que es un mundo invisible y abundante, un mundo
entero depositado allí y cuyo ramaje zumba hasta dentro de ti, hacia ti y hacia
afuera, en un baile extraño que nunca fue aprendido por ti y, no obstante, te
abre el camino en esta noche sin amansar. En esta quietud que no renuncia a la
noche ni al miedo ni al susto, en la quietud milagrosa venida con esta soledad
está el mundo reencontrado, y de repente no hay más fatiga y dejaste de luchar.
“Estoy solo” es una queja que oímos repetirse
obstinadamente. Palabra vertiginosa, recuerda Derrida, puesto que tal confesión
siempre supone que no estemos solos. Que haya habido un testigo para oírla.(…)
A veces la soledad borra toda evidencia. La evidencia misma de esta
co-presencia de lo real en nosotros, como archivos vivientes que se depositan,
se desplazan, se reinvierten, se des-inscriben, esto mismo lo hemos olvidado. Así
como hemos olvidado que algún día fuimos arrancados del estado fetal, de
aquella memoria uterina que nos sostuvo. ¿Algún día nos recuperaremos de este
exilio? ¿De otra manera, hablaríamos? ¿Estaríamos en este extraño temor
obsesivo a la soledad?
Buscamos al otro en el lugar del amor y al mismo
tiempo nos defendemos de creer en ello con nuestra negación alzada a la altura
del dolor. (...) Entrar en la familiaridad de cierta soledad es
aceptar que los lazos por los cuales creíamos ser sostenidos sean
decepcionantes, y entonces correr el riesgo de permanecer junto a nosotros
mismos como un amigo desconocido, muy suavemente… El sabor reencontrado de la
soledad es tan valioso que uno no le preferiría ninguna otra cosa. Esta allí
donde emerge el pensamiento, donde las ideas nos visitan, las sensaciones se
preparan. Es el caldero en
el que se deshacen nuestras soluciones de huida perpetua(…). El poder
encontrarle sabor y no aflicciones constituiría la
denegación de nuestras lealtades antiguas. ¿Por qué será esto tan peligroso? ¿Por
qué tal impedimento encarnizado para vivir esta soledad potente y solar? Porque
el recurso interior pasa por la revuelta y la resistencia; suerte de ascesis
anti-consumista, es una capacidad de entrar en resonancia con el mundo sin
dejarse captar.
Así es como engañaremos esta soledad para ir a buscar
una piel nueva, una mirada diferente que nos diga quiénes somos, liberándonos
al mismo tiempo de ese lastre de ser uno mismo, aunque sea brevemente, incluso
por un fragmento de noche. Así es como nos proyectaremos en otras vidas, otros
minúsculos fragmentos de sueños en los
que creeremos reconocernos. Esta soledad será dentro de nosotros la cámara de resonancia
de nuestras sensaciones, de nuestras esperas, de nuestro ideal. Le daremos
asilo por fastidio o costumbre. Tan insoportable nos resulta la idea de vivir
para nosotros mismos. Como si desde la infancia sólo hiciéramos esto,
coleccionar pedacitos de huellas, mi mamá me mima, párpados filtrando el aire y
la luz, caricia, olor a fuego, cara inclinada; todo un universo en miniatura
desgranado, pero ¿para quién, para qué? ¿para otro que también se acuerde? Ilusión
tenaz pero que nos hace mantenernos en pie hasta el final. Porque nunca me
pertenecerás y yo también te esquivaré. Nos amaremos desconociendo el abismo
que nos separa y que, no obstante, nos devuelve lo más cerca posible el uno del
otro. Es en esta Luz del crepúsculo, justo antes de la noche, que algo aparecerá,
se liberará. Muy fugazmente. Una cierta soledad que no sea hiriente y que
permita escribir y amar. Y sufrir también, pero con gracia, ligereza. Como un
vestido que gire en el viento. Aceptar estar en este resto con el que nada
acaba es poder, también, estar en paz. Pues una cierta soledad es el punto de
eclosión obligado, saturado, de la Creación. No se crea ninguna obra fuera de
este punto de soledad.”
Feliz Luna Llena! Feliz Todo Aprendizaje Vincular, a cada vez. Feliz el Amor que SOMOS, cada un
@
de Nosotr@s Aquí! Feliz el Amor a nuestra soledad que nos permite, entonces, Amar, Verdaderamente.
Felices las heridas desde las que emergen nuestros Mayores Tesoros; desde las que de nuestros dolores entonces nuestros Aprendizajes Siendo Maestría Aquí. Feliz el Recuerdo a la Valía de nuestro Yo, en primera instancia, para así Ser con Otr@s en Equilibrio y Reciprocidad. Feliz el Reconocimiento, también, de la Valía de aquell@s con quienes nos Vinculamos. Que el Encuentro de nuestras individualidades Sea Potencia Amorosa! Y que sepamos Recibir las Cosechas y Mensajes que esta Luna nos Obsequia Rumbo a nuestro Mayor Amor; Propio y también Compartido en los Mundos y Universos Vinculares que Decidimos Habitar.
Gratitud Infinita del Cielo y Toda Luna.
En Inmenso Amor,
Tam ~ Sauce
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